ADULTOS

El 80% de la mejora se debe a pequeños cambios en la vida diaria. No te pierdas estas mejoras. El resto viene de la reflexión, la toma de conciencia, la aceptación y los cambios más importantes (decisiones, renuncias, convicciones).
Si quieres, podemos establecer tus objetivos y trabajar juntos para tu bienestar.

Historia 1. La ansiedad

De repente sintió un vuelco en el estómago y quiso salir corriendo, pensó que se iba a volver loca, que le iba a pasar algo grave. Sudoración, palpitaciones, vista borrosa, sensación de ahogo,… Salió de esa situación, se calmó, pero desde ese día algo se rompió. Empezó a preocuparse por si le volvía a pasar, por si tenía algo,… porque no lo entendía.
¿Te suena?
Todos estos síntomas son normales en una persona con ansiedad. Existen muchas herramientas que han demostrado su eficacia en este tipo de problemas. La primera, entender qué está pasando. Después de eso, te acompañaremos en el proceso de aprendizaje de las herramientas que te vayan bien, las que te gusten valorando tu situación.

Historia 2. El estrés

Un día, sin tener ningún problema, se encontró mal. Tanto física como emocionalmente. ¡Qué raro! -pensó- después de haber aguantado un montón de cosas y además «lo he llevado súper bien». Durante un año tuvo un aumento muy grande de trabajo, varios cambios en su vida, ¡ah! y una mudanza. De repente se vio sin ganas ni fuerzas para hacer todo aquello con lo que antes disfrutaba. Además de no encontrar una explicación a esto, a veces se siente angustiada, como si tuviera una gran carga, lo que parece aún más inexplicable. ¿Por qué me pasa esto ahora? ¿Pero si todo me va bien?
La respuesta es que llevas demasiado tiempo luchando (o lo que tu cuerpo identifica como luchar) y al parar la actividad, tu cuerpo sigue el ritmo de antes y eso te produce apatía, irritabilidad, sensación de no estar bien contigo misma,… Esta es otra de las situaciones en las que te podemos ayudar.

Historia 3. La depresión Vs crisis emocional

Llevas una temporada sin ganas de nada. Con una crisis con la gente, con el mundo y contigo misma. No estás disfrutando, ni siquiera con las cosas que antes disfrutabas. O lo que es peor, con lo que «deberías» disfrutar, por lo que eso te provoca sentimientos de culpa añadidos. Te replanteas todo en tu vida. A lo mejor hubo algo que te llevó a esto, y a lo mejor no… Lo único importante es que no te sientes bien y no tienes ganas de nada.
Quizás no es una depresión, pero te mereces la ayuda igual. Cuéntalo, te escucharemos y te guiaremos en este proceso de reflexión y de cambio o de aceptación.

En realidad estos son ejemplos de los problemas más comunes que encontramos en nuestro día a día, pero existen muchos más como fobias, dolor y/o fatiga crónica, duelo, gestión del tiempo y consecución de objetivos o SIMPLEMENTE escucharte de forma objetiva y guiarte en un mal momento, en un cambio vital, en un problema puntual.

Nuestra forma de trabajar es un compromiso por parte de ambos en el que te vamos guiando hacia tu bienestar. Te escuchamos, evaluamos lo que te está llevando a esta situación y valoramos las soluciones. Intentamos siempre que el trabajo sea en tu día a día y que el proceso de terapia dure lo justo.

Despistes, pérdida de memoria, «me faltan las palabras» o dificultad para concentrarte

Nuestro rendimiento cognitivo depende de muchos factores y es muy sensible. El estrés, la apatía y síntomas depresivos, la ansiedad, la edad o nuestros hábitos (sueño, ejercicio, horarios) son factores que debemos tener en cuenta para evaluar los despistes y el rendimiento intelectual (de memoria, atención, lenguaje, razonamiento).

En consulta es muy habitual encontrar a alguien con mucho estrés o con síntomas de depresión, que no encuentra la palabra adecuada, olvida cosas (incluso importantes) y no se puede concentrar… Sin embargo, otras veces, estos problemas de despistes se deben a un deterioro relacionado o bien con un inicio de demencia, ya sea Alzheimer, demencia fronto-temporal o vascular. Sal de dudas con una prueba.

En nuestro centro hacemos estas valoraciones desde 2003. Podemos ayudarte tanto a evaluarlo, como a trabajar de forma posterior, aquellos ejercicios de memoria, lenguaje, atención,… que se puedan hacer para mejorar los diferentes déficits, así como pautas y cambios en el día a día de la persona o familia (rutinas, adaptaciones,…) para que el impacto de la demencia sea el menor posible tanto a nivel práctico como emocional.

Si pudieras parar durante un tiempo la evolución de una demencia, ¿cuándo lo harías? Hazlo ya.

mima tu mente